Montavera
Finca Montavera entre las montañas de Cundinamarca
Nuestra historia

Un lugar nacido del amor por la montaña

Montavera nació de la convicción de que hay formas de vivir y descansar que van más despacio — y que eso tiene un valor propio.

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Quiénes somos

La historia de Montavera

Montavera comenzó como una finca familiar en la Vereda El Retiro, a 4 kilómetros de La Calera, sobre las montañas de Cundinamarca. Durante años fue un lugar privado de descanso, con jardines que miraban hacia el valle y una casona que acumulaba el olor a leña y tierra húmeda.

Con el tiempo, la familia que la habitaba notó que ese espacio tenía algo poco común: la capacidad de hacer que las personas se ralentizaran. Los visitantes ocasionales llegaban con la urgencia de la ciudad y se marchaban con otro ritmo. Eso fue suficiente para imaginar algo diferente.

En 2019 abrieron las primeras habitaciones para huéspedes bajo el nombre Montavera — una mezcla de los cerros que la rodean y la vida que germina en ellos. Desde entonces, el lugar ha sido hogar temporal de personas que buscan descanso, de familias que quieren alejarse sin alejarse demasiado, y de quienes simplemente necesitan unos días de silencio con buena comida y compañía tranquila.

No somos un hotel ni una clínica. Somos una finca con vocación hospitalaria, donde cada estancia se construye sobre la amabilidad cotidiana y el respeto por el ritmo de cada persona.

Nuestra misión

Ofrecer un lugar de verdadero descanso en la montaña, donde la hospitalidad sencilla y el entorno natural se conviertan en la experiencia principal.

Nuestros valores

  • Hospitalidad sin formalismos
  • Respeto por el ritmo de cada huésped
  • Convivencia respetuosa y abierta
  • Conexión genuina con el entorno natural
  • Transparencia en lo que ofrecemos

En números

2019

Año de apertura

+480

Huéspedes recibidos

3

Planes disponibles

4.8

Valoración promedio

Las personas detrás del lugar

El equipo de Montavera

Un grupo pequeño, cada uno con su papel y con la disposición de hacer que cada visita se sienta como llegar a casa.

LC

Lucía Cardona

Anfitriona principal

Creció en la finca y conoce cada rincón. Se encarga de recibir a los nuevos huéspedes y de que la convivencia diaria fluya bien.

AM

Arturo Mora

Encargado de jardines y senderos

Mantiene los caminos y los cultivos con cuidado y conocimiento del clima de la zona. Guía las caminatas matutinas con gusto.

RV

Rosa Vargas

Responsable de cocina

Prepara los alimentos con ingredientes de la región. Sus desayunos son, según muchos huéspedes, la mejor parte de la mañana.

Cómo cuidamos el lugar

Estándares y buenas prácticas

No tenemos certificaciones de hotel, pero sí compromisos claros con la calidad, la seguridad y el respeto a quienes nos visitan.

Limpieza y aseo cotidiano

Las habitaciones se aseaan diariamente y los espacios comunes se mantienen limpios y ordenados durante todo el día.

Manipulación segura de alimentos

La cocina opera con buenas prácticas de higiene. Los ingredientes se adquieren localmente y se preparan con cuidado para cada comida.

Privacidad de los huéspedes

La información personal de quienes se hospedan no se comparte con terceros y se gestiona con discreción en todo momento.

Seguridad en instalaciones

La finca cuenta con extintores, botiquín básico y protocolos claros para situaciones de emergencia. Los senderos están señalizados.

Responsabilidad ambiental

Separamos residuos, usamos agua con criterio y preferimos productos de limpieza con menor impacto ambiental. El entorno natural es parte de lo que ofrecemos.

Trato digno y respetuoso

Cada persona que llega a Montavera es tratada con cortesía y sin presiones. La convivencia funciona sobre la base del respeto mutuo.

El lugar y su entorno

Montavera y las montañas de Cundinamarca

La Vereda El Retiro, sobre la vía que sube hacia La Calera desde Bogotá, tiene un carácter particular: está cerca de la ciudad sin pertenecer a ella. A esa altura, el clima cambia, el paisaje se abre y el ritmo de la vida cotidiana empieza a aflojarse de manera casi involuntaria.

Montavera aprovecha ese territorio. Sus jardines están diseñados para invitar al paseo lento, no para impresionar. Sus habitaciones están pensadas para el descanso genuino, no para la fotografía. Las comidas compartidas recrean algo que muchas personas han perdido: el hábito de sentarse a la mesa con otros sin apuro.

Quienes se hospedan en Montavera encuentran diferencias pequeñas que importan: saber el nombre del anfitrión, tener un espacio propio dentro de un ambiente compartido, despertarse con niebla sobre el jardín y caminar después sin ningún destino obligatorio.

La residencia mensual, en particular, ha sido elegida por personas que necesitaban un cambio de entorno durante una temporada: trabajadores con posibilidad de trabajo remoto, personas en tránsito, o simplemente quienes decidieron tomarse un tiempo de pausa. No hay un perfil específico de huésped — hay personas que valoran la calma y la compañía.

¿Le gustaría conocer Montavera?

Escríbanos para saber si hay disponibilidad para la fecha que tiene en mente. Respondemos sin demora.

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